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La Historia de Víctor
Fuí criado en el seno de una familia marcada por la división religiosa, en el extremo sur de América, esta es la historia de mi vida:
Los primeros recuerdos que tengo de mi infancia son las de un niño que jugaba a ser grande, construyendo carreteras y edificios, desde niño me gustó la construcción, y con mis hermanos, todos niños igual que yo, solíamos divertirnos de esa manera, en el patio de la casa como en la calle, pero esa diversión se terminaba cuando mi madre nos llevaba al salón del Reino, ella, Testigo desde su infancia, tenía claro cuales eran sus deberes como miembro de su organización, criar a los hijos bajo las enseñanzas de Dios.
Como casi todas las mañanas mi madre salía al campo a predicar a las personas sobre la esperanza de un nuevo mundo, a veces la acompañábamos, pero éramos seis hermanos, mas un hermanastro, hijo de mi padre, al cual ellos recogieron a los nueve años de edad, su nombre era Antonio.
Recuerdo muy bien esa mañana: mi madre no estaba en casa, por la tablas de esas delgadas paredes la luz de la mañana entraba a la habitación, iluminando cada rincón, yo tenía apenas cinco años de edad, estábamos solos, a cargo de nuestro hermanastro, que para ese entonces ya tenía cerca de quince años, fue la primera vez que me violó, no solo a mí, si no también a otro de mis hermanos, y así fué como sucedió durante toda mi infancia, los abusos eras reiterativos, y precisamente se cometían cuando mi madre salía a hablarles a las personas sobre la esperanza, el amor de Dios a la humanidad, y su misericordia.
Pasaron varios años, hasta que un día se lo conté, ella, acudiendo a su imaginación, dijo que eran sueños de niños, y como niños seguimos creyéndolo así, hasta que un día, cuando Antonio ya no estaba en casa (pues ya se había casado y tenía un hijo), se lo conté a mi hermano mayor, él si nos creyó y se lo contó mi madre.
Esa vez a pesar de que la policía local dijo que lo podrían llevar a juicio, mi madre no quizo hacerlo, pues también lo amaba como a un hijo, la solución al asunto era cambiarnos de ciudad. Fué así como comenzó mi búsqueda por el perdón de Dios, ya que para ese entonces yo ya sentía atracción por los hombres, no hubo ayuda psicológica, ni de especialistas, ni nada profesional, nada que pudiera desviar mi camino, mi tratamiento era mantenerme en las filas de los Testigos de Jehová, y por mucho tiempo lo creí así.
Pasó el tiempo, crecí, y mi calvario se hacía cada vez menos llevadero, en un momento creí que la solución era tener una novia, pero tampoco podía, no tenía la madurez cristiana suficiente para casarme, solo tenía 17 años de edad y pasó el tiempo. Abandoné a mis padres y me fuí a otra ciudad.
Convencido de que la solución a mis problemas era llenar mi vida con la obra, renuncié a estudios superiores, y dediqué mi vida a las obras excelentes, dando mi dádiva para llevar el mensaje a quienes eran los merecedores. Ya tenía yo 22 años, había servido como misionero alrededor de 2, no tenía riquezas ni lujos, solo alquilaba una alcoba, yo era felíz haciendo la obra que tanto me llenaba, sin embargo siempre estaba presente el fantasma de la violación, el abuso, y la homosexualidad, creí haberme enamorado, pero de mi mejor amigo, y eso era algo detestable, quería darle cariño, protegerlo, pero no podía, él era un hombre, hasta que un día esa situación se me escapó de las manos, fué cuando estuve desaparecido alrededor de una semana.
Llegó esa tarde, estaba yo parado a la orilla de un acantilado, frente al mar, el viento golpeaba fuerte mi rostro, el único sonido que escuchaba eran las olas reventar a lo lejos, bien abajo de mis pies, y miré la ciudad, esa hermosa cuidad que me había acogido por cuatro años, y ví una esperanza, ¿Cuantas personas son felices en estos momentos?, ¿Cuantos jóvenes pueden estudiar y llevar una carrera?. Fué así como decidir alejarme de lo que me hacía daño, por primera vez comprendí que no era yo, si no la gente que me rodeaba, los pocos que sabían de mi problema no supieron darme la fé que tanto necesité en mis peores momentos.
A los veintitres años volví a casa, no había visitado a mis padres desde que me fuí, a los 18 años, la imagen fué desvastadora: un matrimonio deshecho, un padre alchólico, una madre esforzada que trabajaba de sol a sol para mantener unida su familia; no importaba el precio, lo que importaba era que su matrimonio no se derrumbara, ella estaba casada y tenía que seguir así hasta que su cónyuge muriese, esa es la vida que llevaba por mantener un matrimonio honroso a los ojos de Dios, hasta que la convencí de separarse (en este país en ese entonces no existía el divorcio legal), y nos fuimos a otra ciudad, ella se casó y fué feliz.
Por mi parte comenzó la lucha por asumir mi realidad, ya lejos de toda influencia, comencé un tratamiento psicológico, por primera vez entendí muchas cosas de las que me sucedieron, no era la persona mala que muchas veces creí ser, ya nunca mas lloré por setirme culpable al buscar la compañía y comprensión de un hombre, no era una elección, ese era yo, al fin me encontré con quien era realmente.
Actualmente tengo 29 años, comencé una carrera, estudio lo que me gusta, tengo mi propio departamento, y lo más importante estoy con la persona que amo, y casualidad, se llama igual que mi primer amor ( el platónico).
VÍCTOR DE CHILE
