|
Un Lazo Común en Las Noticias |
¿Atacamos a los Testigos de Jehová? |
|
Orgullo Gay 2007 |
Nuestras Historias |
|
La Watchtower Trata de Silenciarnos... ¡y fracasa! |
Haciendo Reconocer Nuestra Presencia |
"Ningún 'paraíso' para mí, gracias."
Libertad Verdadera
La Historia de Ulises
Parece increíble que ya han pasado casi veinte años desde la última vez que visité un Salón del Reino. Mi madre se hizo Testigo de Jehová (TJ) cuando estaba embarazada de mí. Soy nacido y criado en La Isla del Encanto, Puerto Rico. Durante mi niñez, todo lo que aprendí del mundo provino de “la organización de Jehová”. Mi primer discurso de "la escuela del ministerio teocrático" lo di cuando tenía tan solo cuatro años de edad (a esa edad yo ya sabía leer y escribir). Las mejores memorias que tengo de mi madre son de mí acompañándola a predicar y a conducir estudios bíblicos. Siempre he conocido a mi madre como precursora. Ella es precursora desde antes de yo nacer y todavía lo es hoy a los 67 años.
Cuando yo tenía 8 años, mi padre también se hizo TJ. Muchas de las memorias que tengo sobre mi padre son agridulces. Por un lado, estaba feliz de que mi padre conociera “la verdad”, pero por otro lado, observaba una gran diferencia entre la manera en que mi padre llevaba su religión y la manera en que mi madre lo hacía. Mi padre se convirtió en un fanático. Ahora como adulto, entiendo muy bien el concepto de adicción religiosa, pero en aquel entonces me fascinaba escuchar a mi padre atestiguando sobre cómo él “reemplazó la cerveza por la Biblia”. Él sí lo hizo así. Él simplemente dejó de consumir alcohol de la noche a la mañana y se convirtió en un TJ muy estricto aparentemente incapaz de decir o escuchar otra cosa que no fuera la Biblia, la Biblia, la Biblia, de la misma manera que hacía con el alcohol. Con el tiempo mi padre aprendió a ser más comedido. Poco después de haber comenzado a estudiar fue nombrado anciano. Hoy día a los 73 años todavía es anciano.
Mis mejores memorias de joven Testigo de Jehová son las de cuando salía a predicar con mi mejor amigo/primera ilusión amorosa, John Albert. Era a mediado de los años 70, en el área rural de un pueblito localizado en medio de la nada (Juana Díaz) Puerto Rico. Salíamos en bicicleta a predicarle a gente que vivía literalmente en medio del cañaveral. La entrada a ese vecindario de una sola calle estaba adornada con una bomba de agua grandísima, utilizada para regar la caña de azúcar. Todas las casas lucían igual, pues fueron construidas por un programa gubernamental para ayudar a los trabajadores de la caña. Rodeado por la belleza de la costa sur de la isla, la actividad de predicación era muy divertida. John Albert y yo llegabámos en bicicleta a ese vecindario. Aunque muy influenciada por la Iglesia Católica, la gente era muy amigable y hospitalaria. Siempre disfrutaba ir predicando de casa en casa (o mejor dicho, de finca en finca). Yo era un predicador muy veraz. Me gustaba hablar con la gente, aunque me gustaba más regresar a casa con mi estomago lleno (por la hospitalidad de la gente o porque era temporada de mangos). John Albert y yo nos bautizamos en la misma asamblea, ambos a los 14 años de edad. De vez en cuando hacíamos precursorado auxiliar y competíamos por quién colocaba más literatura o quién cumplía primero con las horas.
Durante mi pubertad descubrí que sentía mayor atracción por los hombres que por las mujeres. Además desarrollé sentimientos románticos por John Albert, cuya familia decidió súbitamente mudarse a Pennsylvania. La gente notó mi tristeza, pero desconocían cuánto – o de qué manera – sufría yo verlos irse. Escondí mis sentimientos y mi sexualidad lo más que pude, pero los acepté como legítimos. “Erróneos quizás”, pero innegables. Aunque no me sentía feliz por esos sentimientos, los reconocía como reales, pues yo siempre he sido honesto conmigo mismo. Me hice más introvertido porque ahora sentía que tenía algo que esconder. Dedicaba todo mi tiempo libre a mi “espiritualidad”. De vez en cuando hacía precursorado auxiliar, conducía estudios bíblicos, estudiaba la literatura de la Watchtower, etc. Aún así, la gente en mi congregación notaba ciertas “tendencias” (¡cómo detesto esa palabra!) en mi conducta y en la manera en que yo me conducía. En vez de brindar apoyo (después de todo, se supone que la congregación es un “paraíso espiritual”, donde se puede encuentra refugio y sosiego espiritual), muchos de mis “hermanos y hermanas” se mofaban de mi manera de caminar o expresarme. Otros, quizás desacertadamente creyendo que éso me ayudaría, expresaban su opinión sobre “el estilo de vida sucio, horrible y repugnante del homosexual”. Lo hacían en voz lo suficientemente alta como para que yo escuchara. Además, en innumerables ocasiones algunos “hermanos” se acercaron a mí con propósitos sexuales, pero yo rechacé sus avances. Debido a las reacciones que observé por parte de los miembros de mi congregación, decidí no confiar en nadie y dejar el asunto de “mis tendencias” en manos de Jehová.
Para evitar que la gente siguiera con su mofa, sus cometarios sarcásticos o sus avances sexuales, decidí “aprender” a comportarme de una manera más masculina. Decidí actuar como un heterosexual sin serlo. Como resultado, los “hermanos” que me hostigaban sexualmente dejaron de hacerlo, y muchas de las “hermanas” desesperadas por conseguir marido comenzaron a verme como un codiciado soltero. Otros miembros de mi congregación tomaron mi cambio como “Jehová en acción”. Sin embargo, yo personalmente vi todo esto como una frazada cubriendo mi verdadero ser, aunque se me había hecho creer que estaba haciendo lo correcto, particularmente debido a que comencé a obtener mayor aceptación en la congregación una vez “el cambio” era obvio.
Podría compartir muchísimas experiencias relacionadas con crecer dentro de la organización de los TJ siendo gay. Sin embargo, prefiero concentrarme en las verdaderas razones por las cuales decidí salir de esa organización. Mi orientación sexual NO fue la razón principal por la cual yo decidí irme. De hecho, estoy seguro de que yo pude haberme quedado dentro de esa organización como Testigo de Jehová activo siendo un “homosexual activo” sin problema alguno. En las congregaciones a las que yo pertenecí durante mi vida como TJ, la gente no vivía para hacer “lo correcto”. En vez de obedecer las normas impuestas por esa organización, todo era un juego de evitar que los agarraran, asegurarse de que las cosas lucían bien en la superficie, y obtener poder dentro de la congregación, suficiente para poder hacer y decir lo que quisieran con la excusa de que “es la palabra de Jehová”. Eso constituyó un gran desafío para alguien como yo, siendo un testigo de Jehová homosexual que no cree en disparates, ni en hipocresías ni en cuentos, viviendo en una isla tan pequeña como lo es Puerto Rico (es cierto lo que dicen: no existen secretos en una isla). En fin, yo siempre supe que para mantenerme como miembro activo de mi congregación no tenía que “dejar de practicar la homosexualidad” . Todo lo que tenía que hacer era asegurarme de que todo se viera bien en la superficie y no ser muy obvio, pero eso iba en contra de quién yo soy y de mi carácter.

Yo a los 13 años, dirigiéndome al auditorio con la Biblia
Existen doctrinas dentro de los TJ que yo simplemente no comparto. Una de las cosas que no creo es su posición con respecto a obtener una educación superior. Eso sí, yo no recuerdo haber escuchado o leído en la literatura de la Sociedad un mensaje que dijera directamente “No vayas a la universidad”. No recuerdo en ningún momento durante los 23 años que viví dentro de esa organización haber leído o escuchado a ninguna persona de autoridad en ninguna de las congregaciones a las que asistí, diciéndole a alguien “no vayas a la universidad”. Sin embargo, la cuestión es que ellos no tenían necesidad de decirlo para persuadir a la gente en contra de obtener una educación superior. La manera en que ellos presentaban el asistir a la universidad y procurar establecer una carrera universitaria era más que suficiente para hacer estas alternativas poco deseables.
Recuerdo vívidamente un drama en una asamblea de distrito en 1979 en Ponce (un año después de haberme bautizado) que se trataba de una familia TJ en crisis. La familia se encontraba luchando y en necesidad desesperada de ayuda y guía espiritual. Ellos estaban en constante temor de que perderían la aprobación de Jehová, y de que el padre de familia, un anciano, podría perder su “privilegio” de anciano en la congregación a la cual asistían. ¿De qué se trataba la “gran crisis familiar”? ¡Su hijo había decidido asistir a la universidad! De acuerdo con la historia, la familia se encontraba muy atemorizada de que su hijo decidiera abandonar todos los principios cristianos aprendidos, ocasionando que la familia dejara de ser el buen ejemplo que era en su congregación, tan pronto comenzara a estudiar en la universidad. Ellos estaban seguros de que su hijo olvidaría inmediatamente todas y cada una de las cosas que había aprendido de “Jehová” a través de sus padres, en el momento en que comenzara a estudiar. “Peor” aun, ellos aseguraban que tan pronto él terminara sus estudios universitarios, iba a invertir todo su tiempo en su carrera, desatendiendo completamente sus responsabilidades de Testigo de Jehová, deslizándose hacia “el mundo” (donde aparentemente iba a ser devorado por dragones o algo parecido). La historia termina con un final feliz, cuando el hijo finalmente “hace uso de razón”, decide darse de baja de la universidad y, a su vez, se hace precursor regular (todo eso ocurre mágicamente a través de “su fe”). De hecho, ese drama hasta sugiere que “Jehová” permitió que esa familia “fuera puesta a prueba” de esa manera, puesto que durante su término en la universidad, el hijo conoció a alguien con quien comenzó estudios bíblicos. Aparentemente las cosas tenían que ocurrir de esa manera para que aquel estudiante universitario recibiera “el mensaje” y se convirtiera en “oveja”.
Ahora bien, con tal retrato sobre cómo el decidir buscar una educación superior ocasiona tantos conflictos espirituales, dolor y tanta lucha en una familia hasta el punto de que causa una crisis de proporciones épicas, ¿quién necesita que le digan directamente que no asistan a la universidad? ¿Qué graduado de escuela superior que ama a sus padres desea ponerlos a sufrir de vergüenza por haber “perdido la aprobación de Jehová”, por el mero hecho de que él/ella ha optado por educación universitaria? Tanto ese drama como la manera en que la Sociedad presentaba las universidades y la gente que decidía asistir a ellas, hacían que el buscar estudios universitarios fuese una decisión implausible. El buscar estudios universitarios era considerado “conducta riesgosa”. Decidir ir a la universidad era suficiente como para que los miembros de la congregación cambiaran su trato o marginaran a uno. Asistir a la universidad o perseguir una carrera profesional era visto como una “pérdida de tiempo”, tiempo que podía “mejor ser usado” en precursorado u otras actividades "espirituales". En cada asamblea, cada persona entrevistada que brindaba su “experiencia” se trataba de alguien que había decidido hacerse precursor(a) tan pronto terminó la escuela superior, o había decidido abandonar la universidad para dedicarse a precursorar, o había abandonado su carrera profesional si se trataba de alguien que se había hecho TJ después de haber cursado estudios universitarios. Ese drama y todas esas “experiencias” se quedaron en mi mente por mucho tiempo. Noté algo extraño ahí. Recuerdo que en aquel entonces pensé que yo amo los estudios, amo aprender cosas nuevas, y amaba la escuela. Yo simplemente no veía nada malo en aprender cosas nuevas ¿Qué había de malo en aprender más?
Crecí observando una generación entera de Testigos de Jehová que se encontraron desempleados, sin educación, adiestramiento o destrezas mercadeables para encontrar empleo, que les proveyera lo suficiente para soportar sus familias, frustrados porque “el fin todavía no llegaba” tras haber decidido no establecer una carrera universitaria. Yo fui testigo ocular de tantas historias de familias luchando para poder suplir sus necesidades básicas, tanta gente privándose ellos y a sus familias de las cosas necesarias para vivir, creyendo que esa era la manera como ellos salvan la vida de ellos y sus familias. Conocí a tantas madres odiando ser madres luego de la llegada de hijos no deseados, sintiendo que el haber quedado embarazadas fue un error craso, o una señal de debilidad,o de desobediencia a lo que la Sociedad sugería, o de falta de integridad. Vi tanto desperdicio de talento y tanta gente infeliz, con tanta ira y resentimientos escondidos porque no “pudieron” ir tras lo que ellos realmente querían, solamente para más tarde escuchar que la Sociedad cambió su posición con respecto a educación superior. Como mencioné anteriormente, me pareció extraño antes y todavía me parece extraño ahora.
Otra razón por la cual decidí salir de esa organización es el hecho de que ellos rehúsan admitir que no pueden resolver todos los problemas que la gente tiene. He conocido esa organización como una muy impropia en la manera en que tratan con asuntos que se relacionan con ciertos problemas de comportamiento en la gente, especialmente cuando se trata de problemas de salud emocional y mental. Nunca, durante los años que yo estuve en contacto directo con esa organización, escuché a nadie mencionar – mucho menos recomendar – cualquier tipo de ayuda profesional para aquellos con problemas que van más allá de los que una organización religiosa puede ayudarles a resolver. En todas las congregaciones a las que pertenecí durante todos esos años, lo que siempre observé fue una actitud de trivialidad con respecto a problemas mentales o conflictos emocionales en las personas. Aquellas personas con conflictos o problemas emocionales eran consideradas “débiles espiritualmente”, “carentes de fe en Jehová”, o “personas cuya fe está siendo puesta a prueba por Jehová”.
Fueron demasiadas las personas con problemas emocionales de todo tipo que yo conocí durante mi vida dentro de esa organización, personas sufriendo, esperando que “Jehová les aliviane la carga”, creyendo que por medio de orar, predicar y asistir a las reuniones sus “pecados” (léase enfermedades mentales) serían “redimidos”. Muchos de ellos fueron convencidos de que sus problemas existen porque “carecen de suficiente fe o integridad”, o porque “hay pecado en sus corazones y no están siendo honestos al respecto”. Cuando era niño, yo siempre observaba a esas personas y las catalogaba como “personajes”. En ocasiones yo me mofaba de ellos, pensando que ellos “están locos”, son “peculiares”, o “están poseídos por demonios”. Durante mi estancia en esa organización, conocí personas que aseguraban que escuchaban voces de los demonios o del mismísimo Satanás, personas que decían que Jehová les hablaba directamente, personas paranoicas, obsesionadas con que ciertos objetos o lugares estaban poseídos por demonios, y personas con una gran variedad de conductas compulsivas (especialmente compulsiones relacionadas con alimentos, tales como bulimia, anorexia o comer compulsivamente). Nunca, nadie, en ningún momento, durante los 23 años que yo estuve en contacto directo con esa organización, llamó la atención hacia ninguno de estos problemas. Todas esas cosas siempre fueron escondidas bajo la alfombra “Jehová-se-encargará-de-eso-si-eres-lo-suficientemente-bueno”. Nadie que yo conociera en la gran cantidad de congregaciones a las que pertenecí, reuniones a las que asistí, o en la avalancha de literatura de la Sociedad que leí, ni siquiera sugirió remotamente el que alguien buscara ayuda profesional de algún tipo para resolver problemas de esa clase. En ocasionas hasta llegué a escuchar gente diciendo que buscar ayuda profesional de un sicólogo era “una muestra de falta de fe en Jehová”. Crecí en un ambiente donde todo supuestamente debía ser solucionado con oración, leer la Biblia, leer y estudiar la literatura de la Watchtower, asistir a las reuniones y predicar. “El alimento espiritual” era la cura mágica para todos los problemas emocionales o de salud mental de las personas. Por supuesto, “el alimento espiritual” fue también la cura mágica recomendada para mi “problema”.
El asunto de la educación superior y la manera en que esa organización rehúsa admitir lo inapropiadamente que tratan asuntos de problemas mentales y emocionales son tan sólo dos ejemplos de creencias de ellos que yo no comparto. Sin embargo, hay un principio en el cual yo sí estoy muy de acuerdo con ellos, el cual es, uno o está “dentro” o “fuera” de esa organización. No existe término medio con respecto a pertenecer a esa organización. Yo estoy en completo acuerdo con eso. Yo no creo en ser Testigo de Jehová sin ser Testigo de Jehová. Yo decidí salir de esa organización porque dejé de creer en lo que ellos enseñan, y consciente de que eso significaría echar por la borda los primeros 23 años de mi vida. Yo nunca he sido un buen mentiroso, y nunca he sido hipócrita. Yo no podía ir por ahí predicando creencias que yo ya no compartía. Con respecto a mi homosexualidad, yo traté todo, tanto lo que la literatura de la Watchtower recomendaba como lo que los anciandos me recomendaron, sin obtener éxito alguno (La única cosa que rehusé hacer fue arruinar mi vida y la de mi novia Testigo de Jehová por medio de casarme con ella). Nunca me agradó la idea de mantener la doble vida que al final llevaba, predicando en las mañanas y saliendo en rondas buscando aventuras homosexuales por las noches en la misma plaza de Río Piedras. Me sentía sucio, lleno de vergüenza, falso e irrespetuoso hacia esa organización, mi familia, mi mundo y, sobre todo, hacia mí mismo. Reflexionando, ahora me doy cuenta de que esas actividades de rondas por las noches eran la única manera que yo conocía para canalizar la represión y opresión sobre mi orientación sexual que estaba experimentando en aquel entonces. Esas actividades cesaron tan pronto comencé a ser más sincero conmigo mismo y con todos mis seres queridos.

Yo, recién bautizado
Tal como ellos dicen, yo creo que una persona debe tomar una decisión firme con respecto a quedarse dentro o fuera de esa organización. Eso sí, no concuerdo con el panorama que ellos normalmente pronostican le espera a las personas que abandonan su organización. El “derrotero” que ellos afirman le aguarda a aquellas personas que “salen” es… no creo que tengo que entrar en detalles al respecto. He sabido de gente que ha caído en las garras de esa creencia. Sé de personas que han atentado suicidio, o se han convertido en drogadictos, alcohólicos o adictos al sexo tras ser expulsados, desasociados, o haber abandonado voluntariamente esa organización. Sé también de personas que de una manera u otra han manifestado de manera perjudicial para ellos el dolor que proviene de abandonar su vida y su familia, especialmente aquellas personas que han sido expulsadas y dejadas solas en “el mundo”. En mi caso, aunque fue muy doloroso dejar atrás a mi familia y a mis primeros 23 años de vida, es con mucho regocijo que puedo informar que mi “derrotero” no ha sido nada por el estilo. Cuando yo salí de esa organización, tenía mucha furia. Sentía que décadas de mi vida habían sido robadas de mí junto con mi familia y mi mudo entero. Sentía una gran necesidad de demostrar que ellos estaban equivocados. Deseaba vindicación. Quería demostrarles que mi vida fuera de esa organización era mejor que mi vida dentro de la misma. Quería probar que ellos estaban muy equivocados con respecto a quién llegaría a ser yo. Quería probar que ellos no son quiénes ni para dictar mi vida, ni para predecir en qué tipo de persona yo me iba a convertir una vez estuviera fuera de esa organización.
Antes de abandonar a los Testigos de Jehová, hice planes para mi “vida afuera”, considerando las cosas que sabía en aquel entonces. Sabía que una vez “afuera” (a) iba a encontrarme completamente solo; la vida tal como la conocía en aquel momento cesaría, y (b) salir sería un proceso gradual, uno que requeriría desprenderme gradualmente de esa organización, lenta pero firmemente. Ese desprendimiento tomaría tiempo. Me mudé de localidad y de congregación. Cambié de trabajo (pues trabajaba con varios otros TJ). Me matriculé en la universidad y cambié mi horario para no toparme con gente que ya no deseaba ver. Estaba muy feliz de encontrarme ocupado con la universidad y mi trabajo. Comencé a sentirme mucho mejor, como que una gran carga emocional había sido levantada de mí. En ese entonces fue cuando establecí mi primera relación amorosa (con quien más tarde se convirtió en mi primer ex). Él me brindó mucho apoyo y ayuda. Nuestra relación más tarde no funcionó y terminó, pero siempre le estaré agradecido por su amor, apoyo y comprensión. Me sentí muy afortunado de tener a alguien como él a mi lado. Nuestra relación resultó ser una de apoyo mutuo, pues poco después de habernos conocido, su madre decidió hacerse Testigo de Jehová. Él me enseñó muchas cosas sobre el mundo “afuera” y yo le enseñé muchas cosas del mundo “adentro”.
Hoy día, aunque me siento muy feliz de haber tenido autoestima suficiente como para no permitir a esa organización dictar qué o quién llegaría a ser yo, veo las cosas de una manera muy distinta. Ya no tengo nada que probarle a ellos. No tengo ningún deseo o intención de comparar o medir mis triunfos y fracasos en la vida de acuerdo con sus estándares. Esa organización no está ni estará nunca fuera de mi vida completamente (la mitad de mi familia todavía son Testigos de Jehová) pero he madurado lo suficiente como para no permitir que esa organización influya las decisiones que tomo sobre mi vida o la manera en que yo la vivo. ¿Es mi vida hoy día mejor que una vida como TJ activo? Me imagino que sí, pero ¿qué importa? Yo ya no sigo los eventos de mi vida por esas directrices. Lo que sí puedo decir sobre mi vida es lo siguiente: a través de los años, en la vida he tropezado y caído de fondillo varias veces. He cometido errores, algunos serios, otros no tanto. Nunca en mi vida he utilizado ninguna droga, nunca he abusado del alcohol y nunca he atentado contra mi vida. Me hice Ingeniero Civil (aunque ahora por ironías de la vida decidí no ejercer) soy un miembro productivo de la sociedad, soy un ciudadano responsable, así como miembro de mi familia y de mi comunidad, y disfruto de un estilo de vida sano y moralmente limpio. He disfrutado cada minuto de esta jornada a la que llamamos vida, levantándome cada vez que sufro de alguna recaída. Lo más importante, lo que en realidad es valioso, no es si mi vida hoy es mejor que una vida hipotética e imaginaria como TJ activo. Lo que en realidad cuenta es que ésta es MI vida, mía, no le pertenece a “Jehová”, ni a la Sociedad Watchtower, ni a nadie más. Esa organización ya no dicta lo que es apropiado para mí vestir, ni lo que es apropiado para mí escoger como carrera, ni cuál es el tratamiento médico adecuado para mí, ni cuáles películas son adecuadas para yo ver, ni – por encima de todo – a quién yo escojo amar, o con quién yo decido formar una familia. Soy yo y no ellos (y ciertamente no “Jehová”) quien toma carta en todos esos asuntos sobre mi vida. Mi verdadera espiritualidad ha florecido hasta el punto de sentirme en completa armonía con mi creador y con el universo entero. He aprendido que la verdadera espiritualidad proviene de dentro de uno mismo, no de la interpretación que cierta “Sociedad” le otorga a la Biblia.
La organización de los Testigos de Jehová es la que fue expulsada, no yo (debido a que me considero una persona de clase, no puedo mencionar el nombre del lugar adonde los envié). Salí de esa organización con mi frente en alto, sintiéndome muy orgulloso de mi decisión y sin deseos de mirar hacia atrás. Hoy, casi 20 años después de haber tomado esa decisión, he encontrado libertad verdadera, espiritualidad verdadera, felicidad verdadera y, sobre todo, PRIVACIDAD VERDADERA. Ningún “paraíso” para mí, gracias.
