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"Aunque originalmente decidí dejar la Organización solamente debido a mi orientación sexual, más tarde llegué a comprender en cuántas otras áreas ellos están equivocados.”
La Historia de John
Salir de los Testigos de Jehová es una decisión muy difícil de tomar, compuesta por el número de años invertidos dentro de ellos. Es mucho más complejo cuando uno tiene que lidiar con el asunto de la orientación sexual. Yo crecí en un hogar dividido por la religión. Mi padre no tenía ninguna creencia religiosa particular. Mi madre era una Testigo de Jehová activa. Así que mi experiencia era más o menos mitad dentro, mitad fuera de esa organización. Durante el tiempo que comencé la escuela superior, el matrimonio de mis padres comenzó a romperse. Mi madre comenzó a tomar mayor interés en asistir a las reuniones, aunque todavía ella no salía a hacer servicio al campo. Mu tío, su hermano – el súper Testigo – venía a buscarnos siempre. Yo siempre odiaba ir a las reuniones. Creía que los Testigos eran un grupo de locos.
Poco después de comenzar la universidad en el otoño de 1966, mi madre sufrió un ataque al corazón. Eso fue algo devastador para mí. Y ahí fue cuando sucedió. Mi tío se acercó a brindarnos apoyo. Comencé a escuchar las cosas que él decía sobre “la verdad”. Todo parecía tener sentido con respecto a las condiciones mundiales. Reflexionando, estaba muy susceptible a sus enseñanzas porque me encontraba en un estado emocional vulnerable en aquel momento de mi vida. Más tarde descubrí que esa es la manera en que muchos Testigos de Jehová son traídos a la Organización.
Yo siempre supe que me siento atraído solamente hacia los hombres. Sin embargo, me crié en los días antes de las reyertas de Stonewall. Los medios de comunicación siempre presentaban a los homosexuales como personas enfermas. Las enseñanzas de los Testigos de Jehová iban a la par con esa misma línea de pensamiento, pero ellos además GARANTIZABAN que uno PUEDE cambiar su orientación sexual si uno quería. La oración, por supuesto, era una parte clave del proceso. Los Testigos también eran proponentes fuertes de la teoría de que existe una causa para la homosexualidad (aunque últimamente ellos han suavizado sus puntos de vista). Por ejemplo, un padre ausente, una madre dominante, la masturbación, o el ser abusado sexualmente cuando se es un niño, todas esas cosas [supuestamente] causaban la homosexualidad. Yo pensaba que en mi caso la masturbación había ocasionado un cambio en mi orientación sexual. Además, por años creí que quizás yo había bloqueado de alguna manera memorias de haber sido abusado sexualmente cuando era niño. Oré fervientemente para hacerme heterosexual. Nunca deseé complicar la vida de otra persona, así que me mantuve soltero. Suprimí mis energías sexuales y me mantuve enfocado con cuidar de mi madre inválida.
Eventualmente fui nombrado anciano en 1976. Eso ocupó la mayor parte de mi tiempo. Era más fácil evitar el dolor de odiarme a mí mismo por medio de mantenerme ocupado con mi familia y la congregación. Mientras tanto, comencé a tener serios problemas de consciencia debido a que todavía me masturbaba al menos dos veces al mes. Así que, como “buen” Testigo de Jehová, a principios de 1985 decidí decirle al cuerpo de ancianos. Se me hizo muy claro que si no detenía [esa acción] tendría que ser removido. Ellos en realidad no hicieron nada para tratar de ayudarme con mi “problema”. Unos meses más tarde, renuncié a mi cargo para evitar ser removido.
Luego en 1987 mi hermana sufrió de un ataque al corazón devastador, mucho peor que el de mi madre. Ahora tenía dos personas enfermas que cuidar. Además, a su hija le afectó tanto la enfermedad de su madre que se convirtió en una persona inestable emocionalmente. Fue entonces cuando experimenté de primera mano el “amor” del “pueblo de Jehová”. Pude haber muerto sin los ancianos siquiera haberse enterado. Cierto, hubo una ola de atención durante las primeras semanas, pero esa ola murió rápidamente. No podía asistir a muchas reuniones porque my hermana necesitaba mucho cuidado. Después de unos cuantos meses, comencé a observar que los ancianos habían dejado de aparecerse para ofrecerme ánimo. Ellos podían observar que mi sobrina y yo nos ahogábamos del peso emocional y mental que estábamos cargando, pero hicieron muy poquitito para ayudarnos. Las depresiones suicidas contra las que yo mismo me encontraba luchando por años comenzaron a incrementar. Mi peso comenzó a aumentar. Odiaba la vida. Me odiaba a mí mismo y a mi orientación [sexual]. Aun así, creía en la Organización y que podía “convertirme en heterosexual”.
Tan pronto el cuidado en el hogar se hizo imposible, mi hermana fue colocada en un centro de cuidad en 1988. Mi madre le siguió en 1991. Mi sobrina fue expulsada en 1991 y se mudó de la casa en 1992. Y ahí quedé yo, solo, con nada ni nadie con quién canalizar mis energías. Los homosexuales en la milicia era el tema grande de aquel entonces. Había mucho enfoque en los gais en aquellos días por parte de los medios de comunicación. Fervientemente oraba por que la Organización publicara algunas palabras de ánimo para las personas que se encontraban luchando contra la homosexualidad, pero nunca llegaron tales palabras. Para el verano de 1993 había tocado fondo. Comencé a planificar mi suicidio. Honestamente, creía que ya para finales de 1993 estaría muerto. No podía enfrentar el saber que soy homosexual sin ninguna “aprobación”.
En septiembre de 1993, a la edad de 45, finalmente comencé a pensar más racionalmente. Pensé, “si me envuelvo con alguien de mi mismo sexo, seré condenado por la Organización, si cometo suicidio, también seré condenado por la organización”. Como quiera salía yo perdiendo. Comencé a leer información sobre los hombres homosexuales y su desarrollo. Prontamente observé paralelos con [mi vida], hasta en mis años de infancia. Comencé a darme cuenta y a aceptar que no existe ninguna “causa” para la homosexualidad. Yo nací así. Así fui creado, ¿Qué es esta organización para decir que yo no soy bueno “como soy”? Hice a Jehová oraciones muy específicas (tal como la Organización aconseja cuando uno quiere respuestas bien claras). “¿Debería dejar la Organización o no?” Todas las respuestas a mis oraciones especificas fueron “Sí, vete”.
Finalmente, en octubre de 1993 fue cuando pude mirarme al espejo y decir “John, eres gay” y, de hecho, sentirme orgulloso de ello. Desde ese punto en adelante mis compañeros de trabajo notaron un cambio para bien en mí. Mis depresiones desaparecieron. Una personalidad feliz y extrovertida emergió. Cuidé de mí mismo por primera vez en muchos años, perdí muchísimo peso, comía correctamente, y me puse en forma. Todo esto era porque por primera vez en mi vida DESEABA VIVIR. En noviembre de 1993, le informé a mi sobrina sobre mi orientación sexual. En enero de 1994 súbitamente mi madre murió. Fui al Salón del Reino por primera vez en siete meses para hacer arreglos de un discurso memorial para ella. Muchos comentaron sobre cuán bien yo lucía y cuán feliz me veía. ¡Algunos hasta me preguntaron cuál era el secreto de la felicidad! Hablé con unos de los ancianos para informarle que hay serias razones por las que yo no había asistido a las reuniones. El anciano respondió: “No importa, lo importante es que estás de vuelta”. Yo respondí: “No, usted no entiende, yo no voy a regresar”.
Arreglé una reunión con ellos. Les dije que tenía planificado desasociarme. Les dejé saber que ellos no tenían ninguna base “de las escrituras” para expulsarme, debido a que todavía no había estado con un hombre. Sin embargo, añadí que era solo cuestión de tiempo el que yo conociera a alguien con quien me envolvería íntimamente. Más importante, les dejé saber que yo no veía nada equivocado en ello. Dije que yo iba a salir voluntariamente antes de que me botaran. Ellos trataron de animarme a que lo pensara de nuevo. Se me ofreció como sugerencia la “cura” del matrimonio. Esperé dos meses antes de enviar mi carta de renuncia, principalmente para hacerle saber a las personas de la congregación cercanas a mí por qué me desasociaba, tratando de evitar chismes y distorsiones sobre las razones por las que yo decidí irme. En marzo de 1994 envié mi carta de desasociación. Ese mismo mes formé el grupo de apoyo para hombres y mujeres homosexuales “Personas que han sido Testigos de Jehová”. Todavía continuamos reuniéndonos mensualmente en San Francisco. Además hemos sido contactados por varios Testigos de Jehová activos buscando ayuda en lidiar con su homosexualidad.
Aunque originalmente decidí dejar la Organización debido a mi orientación sexual solamente, más tarde llegué a comprender en cuántas otras áreas ellos están equivocados. Los dos libros de Raymon Franz (Crisis de Conciencia y En Búsqueda de Libertad Cristiana) me ayudaron a disipar el aura de ellos ser una sociedad espiritual correcta. También, el libro Lo Que La Biblia Realmente Dice Sobre La Homosexualidad, por Doctor Daniel Helminiak, me ayudó a encontrar una nueva perspectiva sobre los versos de la Biblia que tradicionalmente se usan contra los homsexuales.
Hoy día nunca, me he arrepentido de haber abandonado la Organización. Continúo manteniendo una relación espiritual con el Creador, pero sin el apoyo de ninguna organización hecha por el hombre. Continúo siendo feliz. Invito a todos aquellos que llevan la carga innecesaria de la postura de la Organización con respecto a orientación sexual a que se comuniquen conmigo a través de email. Ten orgullo en ser gay. ¡Dios todavía te ama!
