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"...existía una actitud de burguesía elitista en mi congregación, la cual he descubierto desde entonces que no era única de la congregación a la que yo pertenecía."
La Historia de Jim
Nací en un pequeño pueblo de Nueva Jersey en 1956, hijo mayor de un ministro presbiteriano y su esposa, una mujer de descendencia italiana, católica que se convirtió para casarse con mi padre. Crecí en Filadelfia, donde luego en 1970 mis padres se separaron, y luego my madre, mis dos hermanos menores y yo nos mudamos a Sinking Spring, Pennsilvania, donde pasé mis años de adolescencia. Siempre una persona de negocios, comencé un pequeño negocio de venta de joyería que operaba al salir de la escuela. El negocio ocupaba tanto de mi tiempo que decidí abandonar la escuela en medio de mi 11mo grado y dedicarme a tiempo completo a mi negocio. Fue durante este tiempo (en el año 1974) que conocí a un hombre y a su esposa que vivían en un pueblo cercano que ya tenían establecido un negocio similar al mío. Eventualmente él se convirtió en mi suplidor principal de mercancía. Lo que desconocía en aquel entonces era que su esposa era Testigo de Jehová. Aunque él nunca se hizo Testigo de Jehová, me animaba a que me sentara a participar en unos estudios bíblicos que un anciano conducía en su hogar. Me sentía espiritualmente vacío en aquel entonces, habiendo abandonado la iglesia presbiteriana, primordialmente debido a que ellos condenan a las personas gay. Yo había sabido que yo soy gay desde una edad temprana, y a los 15 años de edad ya había estado envuelto en mi primera relación con un joven de mi misma edad. Ese anciano era un maestro vendedor, y sabía decir todas las cosas que yo quería escuchar, y citar todos los textos bíblicos que decían cosas para convencerme de que el Armagedón estaba a la vuelta de la esquina. Durante ese periodo, los Testigos de Jehová estaban convencidos de que el Armagedón iba a ocurrir en septiembre u octubre de 1975, y ellos me convencieron de que yo estaba a tiempo para salvarme. Aunque nunca admití mi orientación sexual al anciano, era obvio que él conocía [de ella] porque una vez conduciendo la sesión de “estudio bíblico”, mencionó que para poder garantizar mi vida eterna, todo lo que tenía que hacer era “dejar de ser gay” por unos cuantos meses, convertirme en un Testigo de Jehová bautizado, asistir a las reuniones, y envolverme en la actividad de predicación de casa en casa. Dijo que el hacer eso garantizaría mi supervivencia al Armagedón, donde entonces sería “perfecto”, de manera que mi sexualidad ya no importaría. ¡Me compraron! Nunca antes había sabido de nadie que me ofreciera vida inmortal, y no solamente se me había ofrecido este precioso galardón, sino que también tenía la oportunidad de compartir esta inmortalidad con otras personas. Habiendo provenido de una familia religiosa, creí genuinamente que se me había otorgado un privilegio sagrado, ¡y no había tiempo que perder! Finalmente había encontrado propósito en la vida. Por supuesto, dentro de mí existía un constante terror a ser aniquilado que el anciano había inculcado en mí.
Retrato del Armagedón como lo interpreta un artista de la Watchtower
Así que tanto con celo como con temor viviendo lado a lado dentro de mí, rompí mi la relación que tenía con mi novio, diciéndole que si él no cambiaba su manera, sería destruido en la Grande Tribulación. Nunca más volví a verlo. La congregación Reading Sur de Pennsylvania se encontraba en proceso de construir un Salón del Reino. Los hermanos se acercaron y me preguntaron si quería ayudar y yo, por supuesto, dije que sí. Comencé a sentirme parte de la congregación. El hábito “mundano” más difícil de yo romper fue el seguir el estricto código de vestimenta. El largo de mi cabello llegaba a mis hombros, y cortarlo al “largo Testigo de Jehová” me partía el corazón, pero si eso ayudaba a garantizar mi supervivencia al Armagedón estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Terminé con los estudios del libro “Verdadera Paz y Seguridad” y me uní a la congregación Reading Oeste (que servía el área donde vivía). Estaba lleno de celo [por lo aprendido] y comencé a predicar de casa en casa casi inmediatamente. Además, cada día comenzaba mi día haciendo trabajo en el campo. Casi me convertí en parte de la esquina de las calles 4ta y Penn en Reading, tanto así que cuando en raras ocasiones no me aparecía a predicar en la esquina, al día siguiente hasta la gente que nunca me hacía caso se acercaba a preguntarme por qué no había estado ahí el día anterior. Fui bautizado en una piscina en una asamblea de distrito celebrada en el Holiday Inn de Allentown, Pennsylavania, en un evento de bautismo masivo en julio de 1975. Mis primeras palabras tras salir del agua fueron “¡Lo logré!”
Tras mi bautismo pronto me hice “precursor auxiliar”. Quería hacer precursorado a tiempo completo pero no me era posible debido a mis obligaciones con mi negocio (siempre me encontraba viajando a diferentes lugares). Aunque el Armagedón fracasó en materializarse como se había programado, esperé pacientemente tal y como se me había instruido. Mis primeros dos años como Testigo de Jehová pasaron sin problema alguno. Me encontraba separado de todo tipo de influencia del mundo exterior e inmerso en “la verdad”. Poco a poco comencé a sentirme diferente dentro de la congregación. Eso no se debía a mi orientación sexual, sino al hecho de que muy pocos de los miembros de la congregación me invitaban esporádicamente a sus reuniones sociales. Mirando retrospectivamente, existía una actitud de burguesía elitista en mi congregación, la cual he descubierto desde entonces que no era única de la congregación a la que yo pertenecía. Aquellos que, como yo, han llegado a ser Testigos de Jehová por medio del proselitismo, especialmente aquellos cuyas familias no son Testigos de Jehová, eran tratados diferentemente a aquellos que eran nacidos y criados dentro de la Organización. Existía cierto “sistema de castas” que permeaba insidiosamente en la Organización. Comencé a sentirme solo. Esto fue en la época cuando los radios CB se hicieron populares. Yo poseía uno de esos artefactos de radio CB mucho antes de que se hicieran populares, gracias a películas tales como “Convoy” y “Somkey y el Bandido”, así que yo ya era un usuario establecido de radio CB y encontraba que esa era una buena manera de divertir mis periodos de soledad. Eventualmente, conocí a alguien en el aire “del mundo”, de mi propia edad y que tenía muchas cosas en común conmigo. Pasamos mucho tiempo juntos y nos hicimos mejores amigos. Para que los Testigos de Jehová no me acusaran de estar con “malas asociaciones”, comencé a darle estudios bíblicos, aunque él solamente tenía interés en mi amistad. Lo inevitable ocurrió. Me enamoré de él. Una noche, ambos tomamos más cerveza de la que debíamos haber tomado y súbitamente nos encontramos los dos en la cama haciendo el amor. Me desperté la mañana siguiente en terror absoluto. Pensé que había destruido totalmente my oportunidad de sobrevivir el Armagedón. Inmediatamente fui a los ancianos y les dije lo que había hecho. Ellos no mostraron preocupación alguna sobre la parte de mi “pecado" que tenía que ver con la bebida. Yo había ido a los ancianos anteriormente y les había dicho que tenía un problema con el alcohol, pero ellos no se mostraron interesados en escucharme, probablemente debido a que uno de los ancianos se encontraba luchando con su propio alcoholismo. Simplemente se me dijo “Bueno, no bebas tanto la próxima vez”. El comité judicial, sin embargo, se mostró extremadamente interesado en escuchar cada detalle "espeluznante" de mi relación sexual. Puesto que “estaba arrepentido”, solamente se me administró una “censura privada”, pero el asunto se esparció por toda la congregación como fuego voraz, y comencé a ser tratado como un leproso, excepto cuando hacía servicio de campo. Mi “estudiante de la Biblia” y yo separamos nuestros caminos y, con el corazón roto, volví a ser un Testigo de Jehová fiel, un poco menos celoso, pero mucho más temeroso.
Fue entonces cuando mi trabajo espiritual caló hondo. Todavía haciendo trabajo en el campo fielmente, [una vez] se me acercó un hombre que se mostró muy interesado en mi mensaje. Durante el curso de nuestra conversación lo invité a comenzar estudios bíblicos, invitación que él aceptó inmediatamente. Con mucho entusiasmo le pedí su dirección, a lo cual el me dijo “Hospital Estatal Wernersville”, una institución para pacientes con problemas mentales cercana a nuestra localidad. Resultó que él era paciente a largo plazo de ese hospital, habiendo residido en esa institución por veinte años. Aun así, convidé a otro hermano de la congregación y le pregunté si quería acompañarme a conducir un estudio bíblico en ese lugar, a lo cual él respondió que sí entusiasmadamente. Poco a poco otros pacientes de esa sala [del hospital] se unieron a nuestros estudios, y me hizo muy feliz el poder ofrecer esperanza a aquellas personas que parecían abandonadas y sin esperanza alguna. Eventualmente, decidí acercarme al supervisor de la unidad para pedirles pases de un día, dos a la vez, para los pacientes, para llevarlos a las reuniones del Salón del Reino de los domingos. Se nos concedieron los pases. El caballero con quien comencé los estudios originalmente siempre venía conmigo, pero él poseía una idiosincrasia muy seria. Él tenía un reír muy fuerte y bramido, y en ocasiones reía a carcajadas en momentos poco apropiados durante el programa de la reunión. Esto hacia que la congregación entera se pusiera histérica. Después de unas cuantas semanas de traer a esta gente muy gentil, aunque de comportamiento poco usual, un día me encontré rodeado por los ancianos luego de terminar el estudio de La Atalaya. ¡Ellos querían saber por qué yo traía a estas personas al Salón del Reino! Asombrado, respondí que esa gente necesita la salvación al igual que todos, a lo cual su respuesta fue: “Quizás, pero ellos no pueden entender nuestras doctrinas”. Yo les pregunté si eso los excluiría de alguna vez llegar a ser Testigos de Jehová, a lo cual se me contestó fríamente “Sí”. Fue entonces cuando comencé a cuestionar mis creencias.

El Salón del Reino en Reading, PA donde todo comenzó
Para ese entonces yo ya me encontraba consumiendo alcohol con regularidad, los ancianos ignorando mi problema con el alcohol completamente, pero observándome como águilas para ver si cometía la más mínima “recaída” sexual nuevamente. Me hice amigo de un hermano de la congregación de mi propia edad, y en una ocasión decidimos ir al cine a ver la película “El Show de Películas de Horror de Rocky”. Yo estaba borracho hasta el punto de haber perdido la consciencia, y recuerdo muy poco sobre el evento, razón por la cual no podía entender por qué al día siguiente me encontraba rodeado por los ancianos, quienes tenían periódicos en sus manos, demandando la razón por la cual yo había ido a ver tal película y había permitido que un reportero me entrevistara, "empañando que la reputación de la congregación". El artículo del periódico no hacía mención alguna sobre el hecho de que yo era Testigo de Jehová, y debido a que yo nunca proveía mi nombre completo a la gente cuando salía a hacer servicio del campo, no podía entender la preocupación de ellos por la reputación de la congregación. Estando aun bajo “censura privada”, debido a mi indiscreción sexual anterior, los ancianos decidieron que la única manera de restablecer la reputación de la congregación era por medio de administrarme una “censura pública”. Mi nombre fue anunciado desde la plataforma como persona que se había envuelto en “conducta no apropiada para un cristiano”, ¡Por haber visto el Horror de Rocky!
Poco después de que eso ocurriera, mi relación con mi suplidor de mercancía de mi negocio terminó, salí de Pennsylvania, cerré el negocio de joyería y me mudé a Atlanta, Georgia. Cuando me introduje a la congregación de Lakewood, en Atlanta, fui muy honesto sobre las circunstancias que rodeaban mi censura pública, pero en vez de condenación, encontré apoyo y compasión, especialmente por parte de uno de los ancianos quien, no solamente jugó un papel instrumental en restablecer mi celo, sino que levantó mi censura en cuestión de meses. Desafortunadamente eso no duró mucho.
Surgió una oportunidad de relocalizarme al Caribe – ¡un sueño hecho realidad! Otra vez, siendo un Testigo celoso y restaurado, dejé Atlanta con lágrimas en los ojos y me mudé a la isla de Saint Thomas, una de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. Poco después de mi llegada, los ancianos inquirieron sobre mi lugar de proveniencia y solicitaron de la congregación de Lakewood los registros [sobre mí]. Aparentemente, eso no fue suficiente para ellos. Ellos observaron que en mi registro aparecía una censura y procedieron a escribir a la congregación de Pennsylvania, quienes enviaron una carta muy mordaz indicando que la congregación de Lakewood no tenía derecho alguno de levantar mi censura sin haberles consultado primero, y demandando que my censura fuera restaurada inmediatamente. Y así fue. Ese fue el principio del fin, y comencé a sentirme asqueado por la manera en que se me trataba.
Fue por eso que una noche acepté la invitación que un compañero de trabajo me extendió de ir en una doble cita él con su novia, y una joven dama, a bailar a Safari (la discoteca gay de St. Thomas de aquel entonces). Me sentí “en casa” tan pronto entré al lugar. Observar a hombres bailando con otros hombres se veía y se sentía tan natural. El fin de semana siguiente volví solo, aunque tímidamente. El Memorial se acercaba, pero ya a ese punto había perdido todo entusiasmo de ser Testigo de Jehová, así que decidí hacer algo que molestara a los ancianos en un atentado deliberado a que se me expulsara. En 1980 era muy raro el que alguien escribiera una carta de desasociación. Si uno deseaba irse, lo que había que hacer era cometer una ofensa expulsable. En mi caso comencé a fumar. Un anciano se apareció en mi negocio, y yo prendí un cigarrillo y le soplé el humo en la cara. Más tarde me perforé las orejas y me aparecí en el Memorial luciendo un brillante arete de oro en mi oreja derecha. Por supuesto, fui llamado a capítulo inmediatamente delante del comité judicial. Esa tarde húmeda, sentado frente a esos tres hombres ante el aire sofocante del Salón del Reino de la isla de St. Thomas, se me volvió a inquirir sobre detalles sórdidos relacionados con mis encuentros sexuales. No se dijo ni una sola palabra sobre mi fumar – ¡ni siquiera el anciano que recibió el humo directamente de mi boca! Debido a que me declaré “no arrepentido” fui expulsado ahí mismo. ¡Se me instruyó que a menos que regrese a la congregación casado y con un hijo que yo he procreado para demostrarles que ya no soy homosexual, nunca más sería aceptado en su congregación! Lo último que escuché decir a uno de los ancianos de ese comité judicial mientras salía del Salón del Reino fue: “Jehová no te ama más, no por lo que has hecho, sino por quién eres”.
Como nota interesante, quiero mencionar que tan solo unos días después de haber sido expulsado, uno de los ancianos del comité judicial apareció a mi puerta solo, preguntándome cosas muy íntimas sobre lo que los homosexuales hacen en la cama. Aunque no existe manera alguna de probarlo, yo estoy seguro de que él estaba tratando de seducirme. Afortunadamente, uno de mis amigos apareció en mi puerta en medio de la conversación, y el anciano se excusó y se fue abruptamente. Nunca regresó.
Tan solo unos cuantos meses tras mi expulsión, conocí a alguien que llegó a formar una parte muy importante en mi vida. Rick y yo nos hicimos compañeros por unos 14 años. Él murió en 1994. Durante ese periodo de tiempo, salí del closet ante mis padres, quienes contestaron que ellos prefieren tener un hijo gay que un hijo Testigo de Jehová. No fue fácil recuperarme de la influencia de los Testigos de Jehová. La creencia de que Dios me había abandonado caló muy hondo en mi ser. Comencé a hacer uso de drogas ilegales, a beber más fuertemente, fui hospitalizado en varias ocasiones, y una vez atenté suicidio. Traté de comenzar un grupo de apoyo para gais y lesbianas ex Testigos de Jehová mientras vivía en St. Thomas. Hasta llegué a hacer mencionar [a mi grupo] en la revista The Advocate, pero debido a mis ingresos escasos y debido a mi problema con el alcohol fui incapaz de mantener el proyecto. Pasé el listado de correo a otro ex TJ gay que vivía en Pittsburg, quien le asignó el nombre “Lazo Común” y continuó con lo que yo había comenzado. Unos cuantos años pasaron y recibí una copia del libro Cristiandad, Tolerancia Social y Homosexualidad, por John Boswell. Finalmente resolví mi conflicto sobre si las escrituras me condenan o no. Descubrí que los pasajes de la Biblia que los Testigos de Jehová usan para condenar la homosexualidad son malas traducciones del texto original. El proceso de aceptación de mí mismo comenzó.
Me mudé para San Francisco en 1993, y mientras leía el Bay Times (uno de los semanarios gay de San Francisco) vi un anuncio sobre un grupo de apoyo para Testigos de Jehová gay y llamé inmediatamente. John Wirtanen contestó el teléfono y conversamos por horas. Solamente tres personas asistimos a la primera reunión, pero nuestro grupo ha crecido grandemente desde entonces. Es con mucha alegría que puedo anunciar que me he mantenido sobrio desde 1987. Hoy día ya me acepto a mí mismo como hombre gay. Puedo decir que la idea de que “los Testigos de Jehová podrían tener razón” me invadió por mucho tiempo, pero tras leer el libro de Raymond Franz Crisis de Conciencia, y tras renovar my compromiso con Un Lazo Común en la Internet, he llegado a conocer la verdadera naturaleza de la organización de la Watchtower, y no tengo deseo alguno de “arrepentirme”. Mi camino espiritual me ha llevado por sendas muy satisfacientes, en direcciones donde nunca antes había pensado que sería posible, y ya no siento temor alguno por dios de doctrina y castigo de la Watchtower. Me mudé de California en 2003 y me he relocalizado a Pennsylvania donde todo comenzó. Hoy día soy un novelista de ciencia ficción con libros publicados, y estoy envuelto en el capítulo Pennsylvania Este de Un Lazo Común. He encontrado propósito real en la vida por medio de extender mi mano ayudadora y de apoyo a otros gais y lesbianas con pasados de Testigos de Jehová. ¡Me siento tan muy agradecido de que el día que existen capítulos y conferencias internacionales de Un Lazo Común finalmente ha llegado!
