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"Me sorprendió mucho que tras mi salida nunca recibí ninguna llamada telefónica, ni 'visita de pastoreo', ni nada."
La Historia de Jessica
Creciendo como Transexual en la organización de los Testigos de Jehová
Nota del editor: Esta experiencia ha sido traducida como publicada en la web freeminds.org. Jessica escribió a Randy, el director de dicha web.
[Estimado Randy,
Me topé accidentalmente con su web, Historias del Mundo de la Watchtower, hace unos años. Deseo escribirle e informarle que el contenido de su web me ha ayudado en sobremanera a lidiar con haber pedido la fe que constituye la mentalidad de mi familia entera. Técnicamente dejé la Organización cuando tenía 14 años, pero no la abandoné en mi corazón hasta que tendría unos 20-21 años. Hoy tengo 23. Otra razón por la que decidí escribirle esta carta es que siento la necesidad de relatar mi historia con la esperanza de que pueda ayudar a alguien a resolver su conflictos de la misma manera que las historias de otros me han ayudado a mí.]
Cuando yo nací, mi padre acababa de salir de la adolescencia y mi madre estaba enferma mentalmente, así que fui criada por mis abuelos. Viví con ellos desde mi infancia hasta la edad de nueve; ellos eran la única familia que yo conocía. Mi padre era alguien que venía a visitar una vez al mes. Al cumplir los seis años, mi padre se mudó cerca de nosotros y yo comencé a verle más a menudo, sin embargo, no lo suficiente como para prepararme para lo que ocurriría al cumplir los nueve. Él era Testigo de Jehová, y por tanto no tenía permitido estar con una mujer sin casarse. Cuando su novia lo dejó tras rehusar hacerse Testigo de Jehová para estar con él, mi padre se encontraba muy solo. Por eso, él se casó con la primera Testigo de Jehová que apareció. Ella era, si me disculpan por el uso de estereotipos, “basura de tráiler”. Lo que desconocía en aquel entonces, y que luego descubrí, fue que los ancianos de la congregación a la que mi padre asistía lo presionaron para que cuidara de mí porque él era “el cabeza de familia”. Así que tras nueve años de vivir con mis abuelos, me vi forzada a mudarme con mi padre súbitamente. Eso, por supuesto, fue algo devastador para mí. Eso era resultado directo de la intrusión de los ancianos. Batallas custodiales en corte siguieron este evento, pero la corte no reconoce a los abuelos como guardianes legales [contra la existencia de un padre].
Yo había estado asistiendo a las reuniones de la congregación por un tiempo tras la insistencia de mi padre y el apoyo de mi abuela, quien por los años subsiguientes flirtearía con la idea de ella misma hacerse Testigo de Jehová. Mi abuelo no apoyaba esto, pero no veía necesidad de ponerle un alto. Lo que sí recuerdo es que mi religión solía ser una fuente de regocijo y gozo, pero una vez me mudé con mi padre, esa fuente se convirtió en una de presión sicológica extrema, pues constantemente me preocupaba por los pecados que “día tras día cometía, hiriendo a Jehová”.
Ahora bien, para complicar mi historia un poco más, resulta que soy transexual. A nuestra sociedad en general se le hace muy difícil aceptar individuos como yo, así que no puedo culpar completamente a los Testigos de Jehová por falta de aceptación. Sin embargo, mi vida sí llegó a convertirse en un infierno. Yo me iba a dormir cada noche pidiéndole a Jehová que me ayudara a resignar ser tan mala persona, tal fenómeno, tan pecadora. Cada día me despertaba sintiéndome peor y peor sobre mí misma, sintiendo que moriría si alguien descubría mi secreto. Ya para la edad de 11 me sentía suicida. Creía que Dios me odiaba.
Al mismo tiempo que me encontraba lidiando con estos conflictos internos secretos, también me encontraba lidiando con una familia severamente disfuncional, con un padre que bebía demasiado y una madrasta que abusaba de nosotros emocionalmente y físicamente todos los días (Estoy segura de que tuve la suerte de escapar de ser tratada aun peor, gracias a que mis abuelos constantemente amenazaban con tomar acción legal). Pero, ¿Dónde estaban los Testigos de Jehová en todo esto? Constantemente aconsejándome que fuera obediente a mi padre y a mi madre, constantemente diciéndome a través de pláticas privadas y otras conversaciones que yo era una pecadora. “¿Por qué le causaba tanto agravio a mis padres? Jehová quería que yo hiciera lo que él dice”. Ellos además continuaron rechazando a mi abuela cuando asistía a las reuniones simplemente porque ella no era bautizada y estaba yendo en contra de un Testigo bautizado (sin importar que ellos desconocieran la historia completa). Los ancianos arreglaron una reunión “imparcial” entre mis abuelos y mi padre para supuestamente reconciliarnos a todos. Refunfuñando, mi abuelo acordó [asistir] , mientras mi abuela confió completamente en que la palabra de los ancianos era tan justa y amorosa como ellos alegaban… una vez adulta, descubrí que lo que en realidad ocurrió en esa reunión fueron horas de los ancianos criticar, ridiculizar, atacar y, de una manera condescendiente, leer las escrituras a mis abuelos sin escuchar una sola palabra de lo que ellos querían decir. Ellos ya habían tomado una decisión y se encontraban aconsejando a mis abuelos a que dejaran [a mi padre] cumplir con sus “responsabilidades cristianas”.
Para añadirle horrores a mi vida dentro de los Testigos de Jehová, está el hecho de que nuestra congregación era considerada “espiritualmente enferma”. Los chismes y las luchas por poder corrían rampantes. Muchos de los niños con quienes fui a la escuela eran abusados por sus padres y se les había hecho creer que era por su propio bienestar que ellos tenían que escuchar todo lo que sus padres les decían. Una niña que yo apenas conocía, que era una adolescente mayor que yo, eventualmente se suicidó. Mi padre la conocía mejor que otros y a veces cuando estaba ebrio mencionaba cómo los ancianos la trataron cuando fue a buscar ayuda para acabar con el abuso sexual al que su padre la sometía. Él creía que ellos la habían precipitado al suicido por medio de decirle que eso era culpa de ella, por haberse comportado de tal manera con su padre, y que lo que ella necesitaba era ser una mujer cristiana más casta y perdonar a su padre por simplemente ser hombre… Los matrimonios se derrumbaban por doquier, la hipocresía corría por doquier y estaba rampante, y muchos de mis compañeros comenzaron a tomar drogas. Otro hombre fue arrestado por abusar por años de unos niños que su esposa cuidaba. A través de todo eso, yo me comportaba como si fuera la perfecta Testigo de Jehová, siempre orando a Jehová pidiéndole perdón por mis pecados, nunca atreviéndome a admitir ni siquiera a mí misma que soy un transexual, nunca haciendo nada malo, obteniendo buenas notas, nunca diciendo mentiritas blancas, nunca maldiciendo, siempre estudiando para las reuniones, saliendo al servicio… cuando me dijeron que mis amigos eran “mundanos” porque ellos no eran Testigos de Jehová (sin importar que ellos eran los niños que mejor se portaban en el mundo) comencé a asociarme más con mis compañeros de la congregación (los que estaban usando drogas).
Cuando tenía 14 años, mi padre y mi madrasta finalmente se divorciaron tras ella haberle sido infiel con otro hombre de la congregación. Ella fue expulsada y restablecida tan solo tres meses más tarde porque ella decía todo lo que [los ancianos] querían escuchar. Mi padre comenzó a salir con su ex novia que no era Testigo de Jehová. [Los ancianos] vinieron a nuestro hogar y le dijeron que la dejara, él no quiso, y ellos lo expulsaron y él fue rechazado por la misma gente que una vez lo defendían ferozmente simplemente porque él era un varón bautizado.
Finalmente, ya me estaba desilusionando mucho con la Organización entera. Ya estaba cansada de mantener en secreto mis conflictos severos sobre mi género, por miedo a que yo también sería repudiada por parte de la congregación y todos mis amigos y familiares. Estaba cansada de todas las mentiras y los engaños que ellos presentaban como verdades y buenos concejos. Comencé a preguntarme qué piensa exactamente la Sociedad sobre los transexuales. Su posición sobre los homosexuales era bien clara, pero por más que traté, no pude encontrar nada que declarara su punto de vista con respecto a ese asunto. Finalmente, encontré la respuesta en uno de los volúmenes encuadernados. Se trataba de un artículo de Observando al Mundo, en una revista ¡Despertad! de la década de los setenta, la cual encontré en el glosario bajo el encabezado “cambio de sexo”. El artículo era de tan solo dos párrafos de largo y solamente decía que los cambios de sexo están ocurriendo a través de todo el mundo, y que quienes lo buscaban eran hombres que deseaban “salirse con la suya” en ser homosexuales ¡por medio de convertirse en mujeres! El artículo no tenía ninguna base científica y ni siquiera citaba algo de las escrituras que específicamente tratara el tema. Todo era bien arbitrario. Ahí estaba todo en blanco y negro, Jehová debe odiarme. Rebusqué toda la Biblia en busca de respuestas – demasiado temerosa de pedirle ayuda a alguien con mayor conocimiento. No encontré nada. La palabra transexual no se encontraba escrita en ninguna parte (desconocía en aquel entonces que lo que buscaba lo encontraría bajo la palabra eunuco). Así que todo se resumía en el hecho de que no podía vivir mi vida sin ser la mujer que Dios creó dentro de mí. Quería morir, [la decisión] estaba entre los Testigos de Jehová o yo.
Me sorprendió mucho que tras mi salida, nunca recibí ninguna llamada telefónica, ni “visita de pastoreo”, ni nada. Llamé por teléfono a uno de los ancianos para informarle que no iba a dar el discurso de La Escuela del Ministerio Teocrático y que deberían asignarle el discurso a alguien más para que tuvieran a alguien que cubriera el material en agenda para esa noche. Se me informó que ya se había asignado mi material a alguien. Me imagino que tras un mes de haber perdido reuniones ya era considerada una causa perdida.
Aun después de todo esto, me tomo años liberarme de una vida de control. Por largo tiempo todavía me sentía como si Jehová estuviera detrás de mí observándome por encima de mis hombros. Mis manos literalmente temblaron la primera vez que compré un regalo de Navidad para alguien. Cuando escucho a alguien decir cosas malas sobre los Testigos de Jehová, todavía siento el impulso de defenderlos. Tomó años el deshacerme de pensar sobre mí como pecadora y verme a mí misma como alguien merecedora de amor y que vale. Me siento muy feliz de decir que finalmente escapé. Hoy soy una mujer completamente en mis cabales, con amigos verdaderos y con una vida real. Todavía soy una persona de principios morales, todavía soy religiosa, pero no puedo ya reconciliarme a mí con todas esas cosas que los Testigos de Jehová enseñan.
Desafortunadamente, mi historia no termina ahí. Hace tres años mi abuela finalmente dejó de flirtear con la idea de hacerse Testigo de Jehová y se convirtió en una. Se bautizó. Mis abuelos comenzaron a pelear constantemente y finalmente se divorciaron porque mi abuelo no pudo soportar en lo que mi abuela se había convertido. Eso fue quizás la mayor de las tragedias. Al final de mi jornada, sobreviví solamente para ver a mis abuelos separarse debido a los Testigos de Jehová. Por supuesto, sí existían otros problemas y, para ser justa, no puedo echarles toda la culpa. Sin embargo, creo firmemente que ellos han ocasionado más daño que bien a mi familia. Cuando salí [como mujer], también encontré que muchos de mis familiares que todavía son Testigos de Jehová ya no querían verme cerca de ellos. Las miradas que me daban y la manera en que ellos actuaban alrededor de mí estaban muy distantes de lo que consiste la conducta de un cristiano modelo. Mi abuela y yo todavía nos llevamos bien y somos muy cercanas la una con la otra, reporto felizmente. Sin embargo, todavía ella lucha por reconciliar sus creencias de Testigo de Jehová y el amor y deseo de protegerme que ella siente. Eso nos frustra a ambas. Ella no me va a abandonar, pero tampoco puede hacerse dejar a los Testigos de Jehová. Me temo que yo siempre voy a estar halando su corazón en dos direcciones.
Para concluir, simplemente me gustaría decir que desearía que los Testigos de Jehová y otras religiones organizadas pudieran poner la mitad de los esfuerzos que hacen por propagar y hacer cumplir sus propios dogmas y doctrinas, en demostrar el amor de Cristo. Al final yo encontré que los Testigos de Jehová son más divisivos que amorosos…
Escrito por Jessica Day
Deciembre 6, 2005
